Gödel, Escher, Bach: Un Eterno y Grácil Bucle de Douglas
Hofstadter
Douglas Hofstadter es un físico reconvertido a filósofo que
en cierto punto de su vida, según él mismo cuenta, se dio cuenta de que los
tres autores anteriores hacían alusión desde sus ramas (las matemáticas, los
grabados y la música) a una misma idea: la recursividad en la que un sistema
intenta analizarse a sí mismo. Una cuestión que, desde su punto de vista, debía
de estar muy relacionada con el fenómeno del ser humano pensando acerca de su
propia mente y le llevó a escribir esta obra de nada menos que ochocientas
páginas y publicarla en 1979.
Recuerdo que cuando lo comencé a leer hace unos meses mi
primera sorpresa fue descubrir que, pese a ser una obra bastante sonada, no
estaba escrita de modo sencillo. De hecho, una de las primeras cosas que hice
fue preguntar a colegas si el libro no era nada divulgativo o era solo
impresión mía. Recuerdo que una de las respuestas fue que era muy interesante,
pero sin una cierta formación y cultura de base leerlo podía ser más complicado
que subir el Everest. Así que lo que pretendía ser una lectura relajada resultó
otro reto al nivel de leer a Roger Penrose para principiantes, aunque con menos
ecuaciones.
GEB se divide en dos partes, aunque las constantes
autorreferencias hacen complicado establecer una distinción clara. La primera
de ellas, a la cual el autor llama GEB, trata acerca de los fundamentos de los
sistemas lógicos formales. La segunda, EGB, se mete de lleno en la cuestión de
cómo analizar formalmente la mente humana y hasta dónde se puede explorar esa
idea.
Todos los capítulos, a excepción del primero y el último,
constan de dos partes. En la primera, el autor expone un diálogo entre
personajes que sirve de introducción al tema, y en la segunda lo desarrolla ya
sin florituras. Personalmente, opino que con honrosas excepciones lo que
da más calidad al libro son los diálogos, ya que las exposiciones técnicas son
compartidas con bastantes otros autores, en particular cuando habla de los
axiomas en matemáticas, de genética o de los fundamentos de la programación.
En los diálogos los dos protagonistas fundamentales son
Aquiles y la Tortuga, que protagonizan a su vez la famosa paradoja de Zenon
(fuera del libro), una de las primeras en tratar los bucles autorreferenciales
infinitos al analizar cómo Aquiles nunca podría alcanzar a la tortuga dado que
cuando llegase a su posición, esta estaría en una posición diferente aunque
hubiese pasado poco tiempo. En GEB, la Tortuga representa habitualmente el
personaje sabio, mientras que Aquiles representa el personaje más bien
heurístico y pragmático. Sus conversaciones suelen tener estructuras
interesantes relacionadas con el capítulo. Por ejemplo, cuando el tema a tratar
es la estrecha relación entre una forma y su forma complementaria, en el
diálogo tan solo leemos a Aquiles y, sin embargo, es perfectamente deducible lo
que la Tortuga le está contestando aún sin que su parte esté escrita. En otra
ocasión, al hablar de acrósticos, el propio diálogo forma uno. Pero quizás el
más relevante sea el diálogo «canon Cangrejo», que se lee igual hacia delante y
hacia atrás, y el propio autor comenta lo que le costó desarrollarlo. He
encontrado francamente entretenido intentar descubrir el truco de cada diálogo
antes de que el autor lo explicase.
Dentro de la parte del libro que no son diálogos, sin
embargo, GEB deja de suponer una obra amena con trucos para convertirse en
texto expositivo. Los capítulos iniciales acerca de los fundamentos de la
teoría de los números se me hicieron eternos porque para alguien formado son
cosas muy elementales explicadas de forma hiper densa, y te lo lees por si
comenta algo interesante por el medio para descubrir que no. Seguramente estos
capítulos sean útiles para gente que esté empezando en la universidad (por
ejemplo, el divulgador musical Jaime Altozano dijo en un vídeo de Youtube que
este libro le había resultado muy práctico en ese sentido. Dicho esto, creo que
pocas cosas pueden hablar mejor de la cultura de Jaime que que elogie del modo
en que lo hace GEB), pero en mi caso hizo que tardase semanas en retomar la
lectura.
Tras los capítulos iniciales, que constituyen toda la
primera parte, comienza a hablar de conceptos informáticos, distinguiendo entre
los lenguajes máquina de las computadoras y los de nivel superior, describe con
detalle la noción de niveles de análisis de un sistema (por ejemplo, tratar la
mente como una unidad, como un conjunto de pensamientos, uno de neuronas o uno
de átomos) y empieza a hacer analogías entre las neuronas intentando comprender
la mente que crean y los números intentando comprender los axiomas de Peano de
la aritmética (que es el fundamento del teorema de incompletitud de Gödel).
Gödel demostró que dentro de la teoría aritmética había
afirmaciones que era imposible verificar si eran verdaderas o falsas desde la
propia teoría, y Hofstadter se adentra entonces en la cuestión de si una
extrapolación posible de dicho teorema es que para nuestras neuronas habrá
cuestiones acerca de sí mismas que también les serán inabordables, como la
naturaleza de la mente. Indica que en su opinión no es el caso, porque la
analogía entre el sistema formal de Gödel y la estructura neuronal no es
exacta.
Dentro de sus explicaciones de cómo «gödelizar» la
comprensión de la mente plantea un ejemplo que he encontrado francamente
elegante e ilustrativo, así que voy a parafrasearlo con pinceladas de las ideas
profundas que involucra.
En resumen, el teorema de Gödel se fundamenta en lo
siguiente: los números siguen unas reglas que podemos caracterizar con
teoremas, y estos teoremas siguen una estructura que podemos analizar con
meta-teoremas. Los teoremas, a su vez, son expresables en términos de números,
y al aplicar a los teoremas (pensados como números) los mismos métodos que
aplicamos como números, podemos observar que habrá enunciados indecidibles, es
decir, que no se puede saber si son correctos o no. En particular, Gödel
demostró que en el caso de la aritmética la afirmación «esta teoría es
consistente consigo misma» es indecidible.
En GEB se «gödeliza» la mente del siguiente modo. Supongamos
que tenemos nuestro cerebro, el cual toma decisiones, y que estas decisiones
vienen definidas por la estructura cerebral del mismo. Pensemos en la toma de
decisiones como un tablero de ajedrez, y en la estructura cerebral como otro
tablero diferente. Al jugar en el segundo tablero, cambiamos las reglas del
primero. A su vez, un tercer tablero podría cambiar las reglas del segundo y
así indefinidamente. Resulta entonces que en el caso de nuestros cerebros, en
realidad, todos los tableros serían el mismo. Cuando pensamos algo no solo
generamos un pensamiento, sino que además por la física del cerebro modificamos
la estructura que ha dado lugar a dicho pensamiento, y a sus meta-estructuras a
su vez. En este sentido, la estructura cerebral podría estar tan vinculada a
las neuronas como los teoremas de la aritmética lo están a los números a los
que se refieren. De modo que, quizás (aunque esto no es ciencia sino
metafísica), exista un teorema de incompletitud que haga que un cerebro no
pueda dar lugar a una mente que comprenda su propia coherencia.
Quizás lo más espectacular de GEB es cómo Hofstadter va
dando forma metafórica a todas estas ideas en los diálogos. Al comienzo del
libro, se explica que Bach escribió su «Ofrenda musical» para Federico el
Grande. Esta obra estaría compuesta de fugas, que son la manifestación musical
más clara de la idea de recursividad. En sus diálogos a lo largo de todo el
libro, aparece esta noción de ofrenda musical de una forma muy vinculada al
teorema de Gödel.
La Tortuga le explica a Aquiles que hizo a su amigo el
Cangrejo una ofrenda musical. El cangrejo es un tercer personaje que aparece en
el diálogo que se lee igual hacia delante que del revés, en analogía a su
peculiar forma de caminar. La ofrenda musical de la Tortuga consistía en
un disco que, al ser reproducido en el exquisito fonógrafo del Cangrejo, lo
haría romperse. En particular, el disco se llamaría «No puedo ser reproducido
por el fonógrafo del Cangrejo». Nótese la paradoja. Si el fonógrafo quiere verificar
la veracidad de tal afirmación, debe destruirse a sí mismo en el proceso, con
lo que para ese fonógrafo el disco es indecidible. Me parece preciosa la
analogía con el teorema de Gödel.
El Cangrejo entonces le dice a la Tortuga que ha adquirido
otro fonógrafo que puede reproducir el primer disco, llamémosle A, y entonces
la Tortuga le ofrece un disco llamado «No puedo ser reproducido por el
fonógrafo B». Tras analizar con detalle que si el fonógrafo es muy bueno,
siempre existirá una frecuencia de resonancia que lo hará romperse, el Cangrejo
llega a la conclusión de que solo puede salvarse de la trampa de la Tortuga
haciendo que la calidad del fonógrafo sea mala. Si el fonógrafo reproduce con
precisión el contenido de los discos, siempre se lo podrá hacer romperse, pero
si su calidad es mala, no padecerá este problema. Con esto Hofstadter explica
que si un sistema es coherente, entonces padece la incompletitud de Gödel, pero
si no lo es no pasa nada. El Cangrejo puede elegir entre tener un fonógrafo excelente
que no pueda reproducir su disco asociado, o tener uno malo que no se rompa.
Creo que esta metáfora es el principal regalo intelectual
que nos hace GEB a los lectores.
Y a parte de esto, tan solo queda mencionar que hace
análisis interesantes (aunque no tanto) sobre los avances que había hasta la
fecha de publicación del libro en inteligencia artificial.
Me gustó también, eso sí, una afirmación acerca del
determinismo que no había leído tan bien expresada con anterioridad. En el
diálogo «furmiga», el personaje Oso Hormiguero explica que una colonia de
hormigas, en su conjunto, se comporta como una estructura en cierto sentido
pensante, si bien cada hormiga individual carece de consciencia del hormiguero
como conjunto. El Oso Hormiguero justifica así afirmaciones como que las
hormigas le temen, pero la colonia en sí, a la cual se refiere como «Madame
Cologne d’Or Migas», es su amiga y le invita a comerlas.
El Oso Hormiguero indica que en la colonia existen varios
niveles, entre ellos la colonia como un conjunto, las castas de hormigas y cada
hormiga individual. Lo que hace cada hormiga individual puede parecer caótico o
sinsentido, pero es a nivel de castas y de toda la colonia cuando se aprecia el
cuadro completo
¿Dónde se
puede comprar?
Conclusión
Es un gran libro que rebasa, por mucho, el nivel divulgativo
y explica cómo, en diferentes disciplinas, un mismo concepto se manifiesta
conectando actos de exploración profunda por parte de mentes geniales. Bach en
la música, Escher en el dibujo y Gödel en las matemáticas. Este libro explora
lo que revela esa trenza, ese bucle, el poder de voltear sobre sí mismo. Y
aborda diversos temas a través de diálogos y reflexiones, donde la forma del
escrito manifiesta a su vez el contenido del texto. Es decir, se
“auto-refiere”. Tal autor referencialidad es el sello común. La obra es
consciente de sí misma.
Tomas
Yared Tlatelpa Dominguez
Numero de
control: 20220117
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